Historia

El Instituto Católico Superior pertenece al Arzobispado de Córdoba y  nace en 1956 como parte del CONSUDEC con el fin de preparar religiosos para ser docentes de colegios católicos.

Las principales carreras que se abrieron fueron Profesorado de Educación Primaria, Profesorado de Matemática, Física y Cosmografía, Filosofía y Pedagogía, Profesorado de Química y Merceología y Psicopedagogía.

Con el tiempo incorporó laicos en sus carreras y diversificó la oferta de las mismas, manteniendo una formación íntegra cimentada en la fe y valores cristianos. Hoy continúa siendo un rasgo diferencial de la formación en el Instituto.

En 1995 es transferido a la jurisdicción de la Provincia de Córdoba bajo la Ley Nº 24049. Esto lo convierte en Instituto adscripto a la Provincia, con capacidad de otorgar Títulos Oficiales de Validez Nacional, bajo la supervisión de la Dirección de Institutos Privados de Enseñanza (DGIPE) del Ministerio de Educación.

El recorrido edilicio del Instituto Católico Superior fue amplio: en 1984 se instaló en el Colegio Gabriel Taborín, como parte de un acuerdo entre el entonces Rector del Instituto, Prof. Fidel Robledo y la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia. Luego de 30 años de función allí, traslada sus servicios al Colegio San Francisco de Asís (Bº Las  Flores),  en 2001 al Colegio Nuestra Señora de Nieva y en 2006 se traslada a la ubicación actual en Av. Vélez Sársfield en las instalaciones del Arzobispado de Córdoba.

Nos acompañan casi 60 años de historia, más de 3 mil profesionales egresados de esta casa de estudios avalan la trayectoria y la solidez de la formación recibida. Es un ininterrumpido trabajo por una educación superior con fundamento y valores. Nuestros docentes son profesionales convencidos de que la relación educativa en el Instituto es altamente personalizada cumpliendo el rol de guías, orientadores, facilitadores y promotores del aprendizaje en los alumnos.

"Hermosa es por lo tanto la vocación de todos los que ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempeñan su función de educar en las escuelas. Esta vocación requiere dotes especiales de alma y corazón, una preparación diligentísima y una facilidad constante para adaptarse y renovarse" Concilio Vaticano II, 1965 

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